Las cuatro posiciones del amor

El corazón y sus cuatro posiciones

EL CORAZÓN Y SUS CUATRO POSICIONES

 ¿Te han roto el corazón? Pobre corazón roto. Una pena. ¿Acaso tú no lo has roto nunca? No hace falta que hayas hecho algo condenable por ley, puede ser cualquier simple cosa. Aquí no se salva ni el apuntador. ¿Quién no ha roto nunca el corazón de alguien? Claro que no es lo mismo hacerlo que que te lo hagan. Sufrirlo es malo, muy malo. Ay, el desamor. Pasar una decepción así es bastante desagradable. ¿Que hay cosas peores? Por supuesto, con la salud no se juega, por ejemplo; es lo más grave y es caso aparte.

 Lo que pasa con el amor es que es un intangible; no hay análisis de sangre o de orina que puedan determinar que estés enfermo de amor. El desafortunado no se toma una pastilla y se cura.

 Cuando uno está enamorado está pletórico, cuando siente que se le sale el corazón del pecho de pura emoción, puro agradecimiento, puro éxtasis, pura divinidad terrenal, pura admiración por otra persona, pura seguridad de que lo mismo se palpita en sentido contrario. Eso es potencialmente energético. Uno se siente imparable, fuerte y lo que todo el mundo aspira a ser en su vida: feliz.

 Mas atención, cuando te enamoras lanzas una moneda al aire. He aquí sus cuatro posiciones:

 1. Puede que la moneda no caiga nunca: que se quede flotando por el espacio exterior ajena a la gravedad y que vivas siempre en una nube rosa de cariño y comprensión, con sus subidas y bajadas pero en suspensión. Enhorabuena, sigue trabajando cada día para que no se pare el ascensor.

2. Puede caer de cara: cuando uno rompe el corazón no se da cuenta. Lo único que quiere es que le dejen en paz, se acabó con la otra persona y oye, lo siento, sigue con tu vida que seguro que encuentras a alguien mejor que yo y yo estaré feliz de que así sea. Cualquier mendicidad de amor que venga de parte de tu ex, te molesta, te agobia, te repudia tanta debilidad. Necesitas respirar y correr libre, sin lastres. No entiendes cómo la otra persona puede tener tanta dependencia de ti. Que viva, caray, que la vida son dos días, y que te deje vivir y divertirte. Fue bonito mientras duró pero se acabó, adiós, tú sigue con tu vida, que te vaya muy bien y que te comas una perdiz con quien sea, que yo voy a seguir con la mía que por cierto, sin ti va a ser estupenda. Te sientes liberado y te vas a comer el mundo.

3. Puede caer de canto: cuando dejas la relación porque no estás bien y sabes que es lo correcto y lo mejor para ti (y crees que para la otra persona también) pero te rompe el corazón provocar la ruptura. Si decides cortar aunque a ti también te duela, un consejo y a la vez petición te hago con la mano en el corazón: corta por lo sano, del todo, no vayas con la brillante solución de «ya no te quiero pero podemos ser amigos». Créeme, esto no es nada brillante, eso de «te quiero como amigo» es una idea fatal, lo peor que puedes hacer. Adiós es adiós, para lo bueno y para lo malo.

4. Puede caer de cruz: cuando a uno le rompen el corazón se siente vacío, con un agujero insondable en el pecho, destrozado, lanceado, sangrante, deshecho, cosa. Sin fuerzas ni para respirar. ¿Cómo es posible que no me quiera? Lo que tú sientes sólo va en una dirección, no hay sentimiento de vuelta, no es recíproco. Es como ir volando a doscientos por hora y chocar contra un muro que alegremente ha levantado tu ex sin ningún tipo de escrúpulos. Aturdimiento y negación inicial: esto no puede ser verdad, no me puede estar pasando. Van pasando los días y sí, es real, te está pasando. Pasan más días y deberías estar mejor pero no, no estás mejor, el mundo se te ha caído encima, sientes un peso insoportable que hace que te encorves y te desplaces arrastrando los pies y el alma. No hay vida sin ilusión y tus ilusiones te las han matado. «Un clavo saca a otro clavo», te dicen. Pero tú no quieres otro clavo que no sea el tuyo, que ya no es tuyo. En fin, una situación horripilante que puede tardar más o menos tiempo en diluirse. Buscas desesperadamente nuevas ilusiones a las que agarrarte y muchas veces son clavos ardiendo que resultan ser peor remedio que la propia enfermedad. Y es que estás enfermo de amor,  de amor no correspondido. En verdad, sufrir por amor es un ascoSi te sientes así, tómate «La receta de la felicidad». No te curará pero está buena.

Cuando te enamoras lanzas la moneda al aire, quién sabe por qué lado caerá. A veces se ve venir, a veces no.

Un tema peliagudo esto del amor. Una enfermedad de la que nadie escapa. Y es que, como bien dice Camilo Sesto, «vivir así es morir de amor». Y ahora, por un momento, olvida tus males de amor, dale caña a la canción y canta con el alcoyano a pleno pulmón. 😀

Si estás bien, disfrútalo y cúidalo;

y si estás mal, sigue andando

que los males

al fin

no son existenciales.

17-Si tu novio te deja

Yo soy Gema Vicedo y Ella es Gabriel.

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